José Ignacio Lluch – FREE MARKET

4 julio, 2010

LO GRANDE Y LO PEQUEÑO

Cuando mi abuelo volvía de su club al anochecer, decía a la familia que no se preocuparan, ya que le acompañaba en el paseo de vuelta, su amigo el joven Pepito. La familia estaba tranquila hasta que un día conocieron a Pepito. El joven, en cuestión, era un ancianito, enclenque y menudo ¡que rozaba los 80! ¿Quién cuidaba de quien? Para mi abuelo, Pepito era un chaval,  un lustro largo más joven que él.

Conceptos tales como juventud, riqueza, belleza o grandeza y sus contrarios vejez, pobreza, fealdad o pequeñez, cuando se adjetivan, resultan tan relativos que necesitan establecerse comparaciones para entenderlos mejor.

En el mundo de las empresas pasa lo mismo. Una empresa grande en el mercado portugués es equivalente a una mediana en el mercado español. Lo grande y lo pequeño aplicado a las empresas es también muy relativo. Ni todo lo grande es bueno ni todo lo pequeño es negativo. Hace unos años, el presidente y fundador de una excelente empresa internacional, me confesó que el éxito del proyecto empresarial se basaba en pensar en grande y trabajar en lo pequeño. ¿Qué es pensar en grande? Pues, desde una perspectiva empresarial, un conjunto de cosas concretas como tener una sólida confianza en el proyecto; no temer a la competencia ni a los mercados por difíciles o inexpugnables que parezcan; estar en el medio y largo plazo, renunciando al pelotazo facilón y cortoplacista; estar dispuesto a compartir parte del pastel con aquellos que pueden aportar mayor valor al mismo; no ser mezquino ni pusilánime en los medios ni en los fines a la hora de establecer retos y ponerse en marcha para conseguirlos y no permitir que el miedo al fracaso, o lo que es peor, al ridículo, nos paralice.

¿Qué es trabajar en lo pequeño? Pues, sobre todo, trabajar mucho y cuidarse de cada detalle pequeño; saber que para crecer y hacerse grande hay que empezar siendo pequeño; ser consciente de las propias limitaciones y estar en permanente revisión para corregir errores o adaptarse a los cambios; evitar la burocratización en las decisiones, responsabilidades y acciones; no permitirse nunca el endiosamiento o la prepotencia ya que jamás hay motivo que lo justifique; implicarse e implicar a los equipos tanto en las duras como en las maduras y saber asumir riesgos, asumiendo que si se fracasa, se vuelve a empezar habiendo aprendido. A lo largo del tiempo, he podido ir comprobando en la práctica, la sensatez y veracidad de cada una de estas ideas. No importa tanto el tamaño de las empresas en un momento dado, sino lo grande o pequeñas que sean las personas que las gestionan. De este pequeño detalle, las personas, dependerá la grandeza de un proyecto empresarial sin importar lo pequeño que sea el punto de partida. El triunfo, en este caso, es cuestión de tiempo.

Ver publicado art. 38

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