José Ignacio Lluch – FREE MARKET

18 julio, 2010

EL VALOR DE LA INDEPENDENCIA

Si considera que con los impuestos directos e indirectos que paga, ya está aportando más que suficiente a esa causa virtuosa entre los europeos que llamamos la redistribución de la riqueza y quiere evitar que agentes no legitimados entren en su casa y se lleven parte de sus bienes con similar finalidad redistributiva, puede recurrir a situar un perro guardián en su propiedad. En ese caso, es muy aconsejable que no lo deje atado ya que dificultará, en gran medida, que éste pueda cumplir bien con su función defensiva, quedando los ladrones agradecidos por el detalle de facilitarles su tarea de exacción. Con las empresas pasa lo mismo, si pierden su independencia son como  los perros guardianes que están atados, las cadenas impiden o limitan su capacidad para realizar bien su misión. El concepto de independencia tiene distintos significados según el tipo de empresa y la perspectiva desde la que se le aplique su calificación de independiente.

En el ámbito de las empresas de servicios, y en particular los financieros aunque vale para todos, la independencia se percibe como virtud o cualidad y, en consecuencia, todos se autodefinen como tales aunque, ni de lejos, lo sean. En los servicios, independiente es aquel que depende absolutamente de su cliente y, por lo tanto, su único interés es conseguir la mejor solución posible para éste, así como tener la valentía de, si no la hay, decirlo. No dar como solución lo que no lo es, por mucho interés que se tenga en colocar determinados productos o instrumentos financieros propios o concertados. En el mundo de las empresas industriales o comerciales, la independencia se entiende, también, como una estrategia defensiva. En este caso, ser independiente es evitar depender, en exceso, de un cliente, producto, mercado o  gobierno. Hay quien prefiere atarse y engordar pero, con el tiempo y los cambios en la economía y los mercados, las dependencias pueden poner en peligro la vida de la empresa.

Hace poco le pregunté a un empresario cómo, en plena crisis y en un sector maduro, estaba creciendo tanto en sus ventas y beneficios. Me contestó con humildad que había aprendido la lección. Que cuando era pequeño, vivió la experiencia de ver arruinada la empresa que fundó su padre y que la causa fue que les falló su cliente principal, estando muy apalancados con los bancos. Desde cero, volvió a empezar pero, confesaba, con el miedo de nunca tener que depender solo de un  cliente, mercado o producto. Se encontró con el éxito, a pesar de la crisis, por estar en muy diversos mercados no tan afectados como el propio, disponer de una  diversificada cartera de clientes y estar constantemente innovando en una amplia oferta de productos. La independencia para las empresas puede ser, además de un camino hacia el éxito, una cuestión de subsistencia.

 Ver publicado art. 40

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