José Ignacio Lluch – FREE MARKET

5 octubre, 2010

VERDAD OFICIAL Y REALIDAD ECONÓMICA

Si en una radiante mañana otoñal, el líder de un grupo de excursionistas les conduce, en fila india, a lo largo de una vía férrea y al cabo de un rato de cansina avanzada, se escucha la inminente aproximación de un tren a gran velocidad, aunque el responsable afirme con solemnidad que no hay peligro, es muy probable que los demás pongan pies en polvorosa para evitar el impacto que se les viene encima.

En el mundo de la economía sucede lo mismo, la realidad es y se produce independientemente de que se niegue, se oculte o se decrete que es políticamente incorrecta. En nuestro país el impacto de la crisis fue quizá más dañino porque no  vió o no  quiso ver lo que se le venía encima. Se vivía tan bien en esa burbuja de riqueza y liquidez que la sociedad descartó aquellas voces aguafiestas que advertían del peligro inminente y prefirió los mensajes que negaban la crisis y aseguraban que éramos la economía más sólida de occidente.

Como siempre, la realidad económica se impuso a la verdad oficial y sus consecuencias  conforman una horrorosa lista de datos macroeconómicos, que todos conocemos, y que nos sitúan en el pelotón de cabeza de los estados europeos más alejados de la recuperación y del bienestar. ¿Alejados de la sociedad del bienestar? Es curioso que cuanto más se proclama este objetivo desde la verdad oficial, más en peligro está con su gestión. Con desprecio al equilibrio presupuestario y al déficit, con endeudamiento y gasto incontrolado, con impuestos que desincentivan el consumo y la inversión, se empequeñece la riqueza de un país y su capacidad de garantizar un bienestar general. Otra vez la realidad económica vuelve a contradecir estas políticas. Es tan sencillo como que si no hay tarta que repartir, no hay de dónde garantizar el bienestar.

Hace poco hemos podido observar otro estéril aunque costoso choque entre la verdad oficial, en versión sindical, y la economía real. Esta, que fundamentalmente está formada por trabajadores, autónomos, parados y emprendedores, les ha manifestado con claridad su total falta de apoyo. Nunca he visto una huelga general con tan poco seguimiento, respaldo y consecuencias.

Esta actitud y respuesta de la economía real y la sociedad civil  es  esperanzadora. Los brotes verdes no surgen, por decreto, del poder político sino de la sociedad civil cuando sintoniza con la realidad económica y se pone seriamente a trabajar y a resolver los problemas.

Ver publicado art 42

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