José Ignacio Lluch – FREE MARKET

25 enero, 2011

LA FUSION IMPOSIBLE

Hace años participé en una fusión imposible. Dos empresas estudiaban la posibilidad de unirse. Una era pequeña, muy rentable y crecía, la otra era grande, menos rentable y muy consolidada nacional e internacionalmente. La primera era de reciente creación, la otra tenía más de un siglo de historia. En términos de potencia, tamaño y medios materiales, la grande era muy superior. La pequeña solo le aventajaba  en su rentabilidad relativa y su ritmo de crecimiento. Aunque la iniciativa tenía sentido y lógica, en teoría la unión de ambas generaba valor, sin embargo, la negociación fue un fracaso. Se hizo evidente desde la primera reunión entre los directivos y propietarios de ambas, la existencia de un abismo insondable que imposibilitaba el acuerdo. No era un problema  de valoración, ni de producto o mercado, simplemente las filosofías de las  empresas eran del todo opuestas e incompatibles.

Mientras la grande solo hablaba de sus máquinas, sus fábricas y los costes de la materia prima y mano de obra, la pequeña se focalizaba en la conexión con el mercado, así como atender y valorar  las aportaciones  de sus equipos humanos y proveedores en la línea de interactuar con los clientes.

Para la grande, la respuesta del mercado era la lógica y automática consecuencia de una ecuación integrada por calidad/precio que ellos formulaban. La pequeña, sin embargo, veía en el mercado un conjunto vivo de clientes y competidores que podían informarle  y sobre esta base, adecuar en cada momento su producto.

La grande era rígida y jerarquizada, siendo sus empleados un recurso más del balance mientras que la otra, más flexible y horizontal, había sabido integrar en el proyecto   a su gente.

No hubo fusión y cada una siguió su camino. Años después, la pequeña se ha hecho enorme e igual de rentable y la grande ha desaparecido. No cerramos aquel acuerdo pero aprendimos algo importante, además del evidente riesgo que corre toda empresa que no considere al mercado.

Que las empresas son sus personas. Que el resto de  activos, los no humanos, importan menos de lo que pueda parecer. Que las empresas que promueven, apoyan y creen en el valor de sus empleados estableciendo una común complicidad en los medios y en los fines, obtienen mejores resultados que las que no lo hacen.

Segundo, que los mercados son personas, no necesariamente estúpidas, cada vez mejor informadas y, con la suerte para ellas, si viven en un mercado libre, de que pueden escoger en cada momento una opción entre muchas otras.

Y por último, que todo análisis o diagnóstico que olvide o ignore el papel principal que ocupan los seres humanos en el mundo económico, está condenado al fracaso y al error.

Ver publicado Art. 55

1 comentario »

  1. Al hilo del lo que expones en tu soberbia columna de que “las empresas son personas” (empleados, directivos,socios y hasta los acerados financieros) y que el mercado es “un conjunto vivo de clientes y competidores”, es obvio aunque difícil de asumir que más allá del factor algebraico y absoluto, lo que puede llevar al éxito a una empresa (la pequeña en este caso),es el factor humano. Las “conversaciones humanas” entre las personas que integran la empresa y el mercado, son el modo natural de transmitir el conocimiento. Liberar la voz de la empresa, hablar y escuchar, pero de verdad, permite orientar una estrategia más que los 37 pisos de rígida estructura gerarquizada bajo los pies de unos directivos que, desde su trinchera exclusiva y excluyente, pretenden “acertar” sin escuchar las conversaciones que les dan de comer. No me sorprende en absoluto el fracaso de la empresa convencional (la grande). El mercado está cambiando. Ya ha cambiado de hecho. Y quiero terminar mi comentario a tu magnifica columna con un sabio refran, transmitido por voces anónimas que lo han hecho llegar hasta nuestro siglo cargado de conocimiento: “No hay más ciego que el que no quiere ver”.
    Siento repetirme José Ignacio, pero te felicito de nuevo por tu acertada visión.

    Comentario por nievesllorens — 10 febrero, 2011 @ 2:40 pm | Responder


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