José Ignacio Lluch – FREE MARKET

8 febrero, 2011

LA PALANCA

Este invento que parece datar de nuestros abuelos prehistóricos, es un instrumento muy simple pero que facilita una enorme potencia y fuerza a quien lo usa, pudiendo conseguir unos resultados imposibles de realizar con los propios recursos físicos de quien lo intenta.

En el mundo de las empresas, las palancas también se pueden utilizar. Y no solo para desplazar pesos sino para crear valor. Veamos  cómo, en la economía real, una empresa utilizó su palanca.

El punto de partida era, una empresa de tamaño medio, en un sector  fragmentado, con muchos jugadores de dimensiones parecidas, compitiendo en un mercado local sin grandes crecimientos. Así mismo, la amenaza de grandes competidores internacionales, posicionándose en mercados exteriores objetivo y entrando en el propio. Y además, la dificultad, a veces la imposibilidad, de recurrir a una financiación bancaria para apoyar el proyecto empresarial. Este panorama, que parece una pesadilla, es con el que se encuentran a diario muchas empresas españolas.

En el caso que nos ocupa, la empresa buscó su palanca por la vía de unir los esfuerzos de varias empresas similares y conseguir socios que aportasen capital para el proyecto. Seleccionó entre sus competidores aquellos con los que podría darse la mayor complementariedad posible en atención a sus tamaños relativos, clientes, mercados y equipos. Consiguió el apoyo a la idea de un socio financiero que aportaría el capital necesario y se iniciaron unas conversaciones entre tres empresas del sector y una de capital riesgo. Tras varias reuniones de trabajo, sólo quedaron dos y el socio inversor. Como en muchas ocasiones, aunque el sentido común aconsejaba la unión, el personalismo y cierta cesión de poder, fueron obstáculos insalvables para algunos. Los que siguieron, lograron llevar a buen fin la operación. El resultado, básicamente, fue crear una empresa cuyo tamaño y beneficios doblaba al siguiente competidor. Siendo más grande y con mayores recursos de capital, aportado por el socio financiero, podía plantearse su expansión y recurrir con éxito a financiación bancaria. La propiedad de la entidad resultante quedó repartida entre los tres participantes sin recaer la mayoría en ninguno de ellos y se integraron los equipos, reasignando al mejor de cada casa las áreas concretas de responsabilidad. En resumen, a la notaría entraron dos empresas débiles y un socio de capital y, horas después, salió una compañía potente y saneada financieramente, con capacidad para competir y ganar en cualquier mercado. Con esta palanca están acometiendo retos que antes serían impensables.

A veces algo tan pequeño y simple como ceder un poco de protagonismo o poder, compartiéndolo con complementarios, puede ser el instrumento para lograr algo grande.

Ver publicado Art 56

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