José Ignacio Lluch – FREE MARKET

15 febrero, 2011

DAVID Y GOLIAT

Siempre me ha gustado esta historia en la que el pequeño y débil gana al poderoso recurriendo a la inteligencia y agilidad frente a la fuerza bruta. Aunque a veces me pregunto qué hubiera pasado si Goliat, además de grande, hubiera sido inteligente y un buen lanzador de piedras con honda.

En el mundo de la rivalidad empresarial nuestros competidores Goliats no son necesariamente tontos y torpes. Por el contrario, su potencia y tamaño les proveen de más medios para alcanzar sus fines, que en un mercado libre no son otros que conseguir ofrecer al soberano del mercado, el consumidor o cliente, el mejor producto o servicio al mejor precio. Siendo esto lo que todo consumidor exige, se crea una rivalidad entre las empresas y  se esfuerzan por aportar a su proyecto los mejores medios a su alcance para cumplir con su función empresarial, que  es que cubrir una necesidad o demanda de la sociedad y obtener una ganancia al hacerlo.

Así pues, les propongo un silogismo: si todos mis competidores grandes no son estúpidos y su tamaño les proporciona más y mejores medios para competir, la conclusión es que tengo una grave amenaza en el horizonte que, si no remedio creciendo, acabará eliminándome del mercado o dejándome un espacio marginal, ese limbo donde el beneficio va desapareciendo y las cuentas no salen.

El tamaño en las empresas no es un capricho de la fortuna o del emprendedor sino un medio necesario para competir en un mercado libre, global y cambiante.

Dando por válido lo dicho, la cuestión es cómo se crece en una economía regresiva estando, además, en un sector maduro. La respuesta es que hay gente haciéndolo. Un empresario me decía: “mi empresa era pequeña y aprisionada por grandes competidores internacionales y clientes de gran tamaño. Para colmo, mi sector estaba muy fragmentado, local y no crecía. Nos arrebatábamos clientes, recurrentemente, a costa de dañar nuestro escaso margen. Decidí cambiar este círculo vicioso que nos llevaba a todos a la ruina. Realizamos varias fusiones, integrando competidores locales y conseguimos una cierta dimensión. Después recurrimos al capital riesgo para adquirir un proveedor tecnológico exterior y una comercial ubicada en un mercado de alto crecimiento. En cuatro años hemos triplicado el tamaño, disponemos de mejores medios humanos y materiales, estamos en varios países y, gracias a todo esto, nuestro margen se ha incrementado.”

David se ha convertido en Goliat y, por cierto, sigue siendo igual de listo que cuando era pequeño.

 Ver publicado art 57

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