José Ignacio Lluch – FREE MARKET

8 marzo, 2011

EL MAL DIRECTOR

Si se encuentra en una sala de espera y coincide con la típica madre, padre o abuela propensos a prohibir  con un niño rebotado, harto de esperar y de recibir constantes órdenes del tipo no toques eso, no te levantes, no te sientes así y demás, notará cómo la espera se le hace eterna y le van entrando unas ganas irrefrenables de salir corriendo o decirle al reñidor que deje en paz al chiquillo porque está consiguiendo el efecto contrario al pretendido.

Los malos gestores de empresas hacen lo mismo, a falta de un plan constructivo que resuelva problemas, en ausencia de resultados positivos que confirmen su buena gestión, se dedican a prohibir cualquier cosa, coartando cualquier iniciativa y destruyendo cualquier ambiente de colaboración, innovación o ideas de los demás.

Si extraemos del mundo real casos prácticos de fracasos empresariales y analizamos lo que de común han tenido las actuaciones de sus responsables, nos encontramos con cinco características que definen e identifican al mal director.

La primera es que el gestor incapaz se limita a ostentar el cargo y disfrutar de las ventajas que éste le proporciona. Al carecer de capacidad para desarrollar un plan o estrategia determinada, no actúa en absoluto e improvisa cuando van apareciendo los problemas.

La segunda es que su proyecto no es mejorar la empresa, sino permanecer en el cargo a toda costa. Con este fin, se rodeará de directivos mediocres y conformistas que no le contradigan ni le puedan hacer sombra. Para comprar amistades y apoyos, utilizará los recursos económicos de la empresa de forma generosa y como si fueran suyos.

Seguidamente, y más pronto que tarde, como los resultados irán empeorando, mentirá. Procurará disfrazar la información  a los accionistas, empleados y demás. Contará para ello con la agradecida colaboración de su equipo de mediocres y dependientes.

En cuarto lugar, como la fuerza de la verdad económica acaba imponiéndose por mucho que se la niegue, el mal director empezará a prohibir todo. No busca el apoyo a sus soluciones, ya que no las tiene, sino la reafirmación  de su poder y la apariencia de que algo está gestionando mediante las prohibiciones.

Y por último, se endiosará negando la realidad y culpando de sus fracasos a cualquiera que esté por ahí, el mercado, los competidores o los empleados.

Si algún malicioso lector cree reconocer con las citadas características a algún gobernante político diré, como en las películas, que cualquier parecido es pura coincidencia.

 Ver publicado Art. 60

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