José Ignacio Lluch – FREE MARKET

24 mayo, 2011

EL CAMBIO

 La diferencia entre un magnífico concierto musical y un desastre carente de armonía e insufrible depende, esencialmente, del director. Los miembros de una orquesta saben tocar bien su instrumento pero si quien los dirige y coordina es un inepto, el resultado general es desastroso. Si tienen la poca fortuna de asistir a un espectáculo de estas características, observarán que el público, en lugar de levantarse y aplaudir, silbará y reclamará a voz en grito que cambien a ese inútil y pongan a otro que sepa sacarle mejor partido al conjunto de músicos  que, sentados y abochornados, forman la orquesta.

 En el mundo de las empresas y la economía sucede lo mismo. Cualquier organización humana que sea dirigida o gestionada por incompetentes, produce como resultado la ineficiencia, la falta de sintonía y la frustración de los objetivos. Y lo curioso es que si esa misma organización, se percata de su problema y cambia su director por uno mejor, las cosas empiezan a mejorar.

Cuando hablas con malos gestores de empresas, intentan justificar sus pérdidas acumuladas , con un triste conformismo basado en la falta de calidad de su personal, la carencia de medios económicos, la culpabilidad del sector y del mercado, y demás situaciones ajenas a él y aparentemente inamovibles. Ese amargo regusto desaparece cuando observas empresas del mismo sector y tamaño, con similares equipos humanos y medios materiales, que son capaces de crecer y conseguir buenos resultados, compitiendo en las mismas circunstancias que las otras.

El problema no está tanto en los malos gestores, siempre habrá y siempre nos podremos equivocar en la elección, sino en percatarse del error  y sustituir al responsable por otro mejor. La economía y la vida real demuestran de forma constante, que un buen gestor sabe obtener el potencial de éxito del conjunto de personas y medios que dirige, mientras que uno malo, con los mismos medios, no lo consigue. Estas decisiones de cambio corresponden a los propietarios, que a la vista de los resultados negativos,  reconocen su error y proceden a la sustitución antes de que la situación deteriore más la empresa.

Se dice que rectificar es de sabios y que parte de la solución es percatarse del problema y actuar en consecuencia. Quizá la economía real nos vuelve a mostrar que el brote verde no se encuentra en alguna estadística macroeconómica que recala por aquí, cual mariposa en primavera, merced a los vientos de alguna autoridad monetaria, sino de la firme voluntad de cambio de la sociedad civil.

Ver publicado Art 68

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