José Ignacio Lluch – FREE MARKET

7 junio, 2011

EL RECHAZO

En la mesa de un  restaurante al aire libre, unos padres primerizos intentaban, sin mucho éxito, que su pequeño se comiera una papilla cuyo aspecto era más bien repulsivo. La gran variedad de carantoñas, aspavientos, razonamientos a voz en grito y amenazas que los padres emplearon, no convencieron al niño ni al resto del público, que en sus respectivas mesas, resignados, asistían involuntariamente al desenlace del drama. Este terminó cuando el niño, ya harto de esquivar la cuchara que contenía esa cosa grumosa, la aceptó, devolviéndola de inmediato y por vía aérea a las asombradas caras de sus progenitores. Casi se produjo una ovación cerrada  por parte del resto de los comensales, y los padres, captando el rechazo, probaron a darle de su arroz, lo que el niño aceptó de buena gana.

Algo parecido sucede en el mundo de las empresas y el mercado libre, por mucho que éstas se empeñen, si sus productos o servicios no satisfacen a los consumidores, éstos tienen al final el poder incuestionable de decir no. El rechazo del mercado es el gran temor y desvelo que acompaña al empresario mientras ejerce de tal. Esa opción que tienen todos y cada uno de los que integran la demanda, es la que mueve a las empresas a un esfuerzo permanente en entender, mejorar y anticiparse a aquello que su clientela necesita, pide o reclama, ahora y en el futuro. Esa poderosa posibilidad que el mercado libre tiene de rechazar lo que no quiere o no le gusta, es el motor para que las empresas progresen, innoven y estén en constante vigilia para seguir aprobando el examen al que cada día les somete su clientela

El rechazo no suele aparecer de inmediato sino de forma paulatina. Inicialmente apenas se percibe y poco a poco la tendencia va aumentando, dando mensajes cada vez más evidentes de que algo está cambiando en la demanda. Si el empresario no está atento a esos avisos o, lo que es peor, piensa que el mercado se equivoca al preferir otros productos a los suyos, se encuentra al borde del rechazo y de su más que probable desaparición como oferta.

La sociedad al igual que el mercado está abierta a cualquier oferta o propuesta de gestión política, pero se cierra de una forma contundente cuando algo no le gusta y se siente defraudada. Puede que tarde un tiempo en hacerlo pero cuando llega el rechazo puede ser tan expeditivo y claro como el niño de la papilla.

Ver publicado Art. 70

1 comentario »

  1. Muy gráfico pero real, pero el mercado no tiene gases q le impiden dormir… o si?

    Comentario por Luis — 15 junio, 2011 @ 3:00 pm | Responder


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