José Ignacio Lluch – FREE MARKET

14 junio, 2011

EL TERCER CAJÓN

Es aquel lugar del espacio, virtual o físico, donde van a parar todas aquellas ideas, problemas y soluciones posibles, que al ser difíciles de aceptar y corregir, ya que implican un importante esfuerzo o el reconocimiento de graves errores, se opta por su almacenamiento a la espera de que el tiempo las resuelva.

 Hace años, a solicitud de un empresario, elaboramos un informe sobre la viabilidad de su plan de negocio y su estrategia a medio plazo. Las conclusiones destacaban varios puntos débiles que restaban valor al proyecto y aportaban una serie de soluciones muy incómodas para el empresario. Entre otras, que su hijo no era el mejor director general posible, por decirlo de un modo no ofensivo; que dado el gran apalancamiento de la empresa, había que aportar más recurso de capital a la misma, devolviendo parte de lo que ella había generado a lo largo del tiempo: y que el departamento de administración estaba sobredimensionado, siendo esa hipertrofia, causa de ineficiencia y muy costosa.

 Al escuchar el informe, admitió la realidad de los problemas y sus posibles soluciones  pero dijo que, dado que no eran urgentes, guardaría el informe en el tercer cajón que es el que contenía todo lo que, por su trascendencia, requería reflexión y tiempo.

El tiempo fue pasando y el tercer cajón nunca se volvió a abrir. Había muchas cosas que hacer en el día a día, muchas gestiones que realizar para mantenerse e ir poniendo parches a las urgencias que iban surgiendo…todo menos acometer con responsabilidad las tres importantes reformas que la empresa necesitaba.

 Al final la empresa entró en liquidación y posiblemente el acreedor que se quedó la mesa del despacho como pago de la deuda encontró, en su tercer cajón, unos papeles que ya no tenían ningún valor, pero que, en su momento hubieran podido evitar el desastre.

 En el mundo de las empresas y la economía no puede haber un tercer cajón. La realidad económica es la que es, nos guste o no, y posponer las soluciones, porque sean dolorosas, o esperar que el tiempo lo solucione, es irresponsable y temerario. Es fácil evadirse y esconderse en la gestión de lo cotidiano y dejar en el olvido esa molesta e incómoda solución que resolvería los verdaderos problemas.

 Nuestra política económica también tiene un gran tercer cajón. En él residen enormes problemas con sus grandes soluciones o reformas pendientes de realizarse. El cajón se abre y se cierra pero no se actúa. ¿Será, quizá, que en macroeconomía las cosas sí que se resuelven solo con el paso del tiempo?

Ver publicado Art.71

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