José Ignacio Lluch – FREE MARKET

21 febrero, 2012

LOS PARÁSITOS

En biología se denomina parásito a un organismo animal o vegetal que vive a costa de otro de distinta especie, alimentándose de el y depauperándolo sin llegar a matarlo. Limitan y debilitan su crecimiento o desarrollo pero evitan que sucumba ya que, en ese caso, eliminarían su propia fuente de abastecimiento.

En el mundo de la economía sucede lo mismo, hay personas, organizaciones e instituciones que viven y se alimentan de la sociedad civil, depauperándola pero sin llegar a acabar con ella. Ya han aprendido que un total colectivismo, acaba destruyendo toda la riqueza de un país. En consecuencia, resulta más conveniente instalarse en economías libres y vivas donde hay riqueza y, a través de la fuerza coercitiva del estado de turno, ir introduciéndose y vivir de los demás.

Una economía esta anémica cuando se encuentra invadida de parásitos y el estado que la administra, al intervenir en ella, genera más situaciones parasitarias. Cuanto más regula, ordena, prohíbe, protege y controla el estado, más parásitos crea. Un estado protector, ¿de quién?, con el tiempo genera expertos en adquirir y gozar de protecciones mientras que desincentiva el esfuerzo individual en la búsqueda y logro de los propios fines. Como además las ayudas y subvenciones son recursos que el estado arrebata a quien los tiene o genera para dárselos a otros, los primeros pueden cansarse y empezar a estimar lo cómodo que resulta no generar riqueza a través del riesgo y del esfuerzo ya que, al final, no compensa. No es casualidad que muchos jóvenes no quieran ser empresarios o autónomos, prefiriendo opciones de cuenta ajena y a ser posible por cuenta del estado.

Hay parásitos de todo tipo y condición. Todos aquéllos que sin representar a nadie se arrogan ese papel y con el dinero público, ese que sale de los impuestos, viven, se manifiestan y controlan poder que en realidad nadie les dio, salvo el estado de forma arbitraria. Aunque la mayoría se detectan a simple vista, otros pasan más desapercibidos, como, por ejemplo, los empresarios parásitos. Gozan de un privilegio concedido por el estado, en virtud del cual pueden explotar, sin competencia alguna, una determinada actividad económica. Aunque se autodenominen empresarios, no lo son ya que ni han asumido riesgo alguno, ni su permanencia en el mercado depende de los consumidores ni de su capacidad de ofrecer el mejor producto al mejor precio posible. No aportan riqueza a la sociedad ya que bloquean la entrada de otros competidores que ofrecerían innovación y mejoras. Su cliente está cautivo y su estrategia y preocupación no es contentar y servir al consumidor sino a quien le dio el privilegio.
Son lo contrario a un empresario y al libre mercado.

Ver publicado Art. 92

3 comentarios »

  1. Cierto, se habla poco de los “empresarios” que primero consiguen la exclusividad de un servicio y luego crean la empresa, o esta se crea “casualmente” con las características exactas que se demandan en un concurso de la administración. No es libre empresa, esto es otra cosa.

    El instinto emprendedor, se tiene o no se tiene, -“vamos a favorecer la creación de emprendedores” (dicen). No es posible, lo que si se puede hacer es educar para que el mundo de la empresa no sea visto como unos señores muy malos que les quitan el dinero a los pobres trabajadores. Eliminar barreras y trabas administrativas. Las empresas surgirán siempre que todo lo que las rodea no esté en contra…

    Comentario por Jorge (@xurde1) — 22 febrero, 2012 @ 8:57 am | Responder

    • Totalmente de acuerdo, Jorge.Allá donde existe mayor intervención del estado en la economía bajo la ficción del reparto, más corrupción se genera y menos libertades económicas hay, siendo éstas el caldo de cultivo del emprendedor.Si la cultura imperante es que el estado me dé todo, y éste, al no generar nada por sí mismo, se lo tiene que quitar a otros y éstos se ven desincentivados para emprender nada. En consecuencia interesa más ser de los protegidos por el poder que asumir riesgos y esfuerzos por cuenta propia. A medio plazo, las sociedades así van empobreciendose porque la iniciativa privada languidece y se inhibe, la tarta a repartir mengua y el progreso social se evapora.El estado de bienestar en cuanto que encorseta y limita el libre mercado es el mayor creador de malestar al tiempo.

      Comentario por joseignaciolluch — 22 febrero, 2012 @ 12:37 pm | Responder

      • A los de “el Estado que lo de todo” habría que preguntarles “quién lo paga?”. La primera vez tocamos a poco, pero cuando sumas todo lo que da papá estado y todos los gorrones (de lo que ‘no da nada’), no sólo tocamos a mucho, sino que no podemos pagarlo. SUPRESIÓN YA DE TODO TIPO DE CARGOS, ADMINISTRACIONES, SUBVENCIONES y Servicios gratis. El Estado debe de proveer seguridad, cumplimiento de la ley y educación y sanidad (estos dos últimos para gente sin recursos SÓLO).

        Comentario por Sant Jordi — 18 marzo, 2012 @ 9:51 pm


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