José Ignacio Lluch – FREE MARKET

19 junio, 2012

Son los padres

Cuando algún precoz compañero de colegio o un bien informado hermano mayor le dice a un niño por primera vez que los Reyes Magos son los padres, le provocan una fuerte impresión y se tambalean los pilares de su pequeño mundo. Algunos, tras la detallada y cariñosa explicación paterna, puede que se planteen que, a la vista del nuevo descubrimiento, la próxima carta quizá tenga que ser algo más realista o moderada, ya que quien financia o soporta las compras solicitadas no son los Magos de Oriente sino la economía familiar.

Con el Estado del Bienestar pasa lo mismo, puede llegar a pensarse que todo lo que se pide se puede conceder, por obra y gracia del elegible de turno y que el estado benefactor corre con los gastos, ya que el dinero público, está para eso y no es de nadie. Lo queremos todo y ya, y votaremos a quien nos lo dé. Así pues, aparecen los políticos, cual pajes de sus Majestades, recogiendo las innumerables solicitudes y atendiendo las de aquellos que mejor garanticen sus propios intereses. Y siguen las demandas y continúan los regalos.

Nuestra economía está en la Champions, nuestras entidades financieras son las mejores del mundo, tenemos el régimen laboral más avanzado de Europa, una universidad en cada esquina, ganamos oscars en Hollywood que, aunque sean americanos capitalistas, mola y además, les vamos a enseñar lo bien que funciona nuestra piramidal seguridad social y las energías renovables….

Pero de repente, algún inoportuno sabidillo nos recuerda que el Estado somos nosotros, que el dinero público sí que es de alguien, que la magia se llama deuda pública y ronda niveles del 80% del PIB,

Que la rigidez laboral, lejos de ser un orgullo, es la causa principal del desempleo; que cuando se gasta lo que no se tiene, hay que devolvérselo al acreedor; que aunque el político actúe de forma irresponsable, realmente lo es, ya que quien responde de sus acciones y errores no es él, sino nuestros bienes o ingresos, pagando impuestos y soportando una crisis que no remonta, por la falta de empeño de aquéllos en, de verdad, acometer las medidas correctas.

El desencanto pueril puede madurar en la reflexión y percibir en cualquier promesa que alague los oídos, otra falacia que pretende embaucar a algunos para seguir otros administrando las expectativas, propiedades y el bienestar de todos. ¿O quizá recurrir al berrinche y que vengan de Alemania o del BCE más regalos?
Son los padres! Art 104

1 comentario »

  1. Pues sí, poco que añadir, por eso uno no acaba de entender tanta resistencia a ciertos recortes, como si hubiera capacidad de elegir, es que no hay más, o gastamos menos o vamos a la ruina.

    Saludos.

    Comentario por Dessjuest — 20 junio, 2012 @ 8:53 pm | Responder


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