José Ignacio Lluch – FREE MARKET

17 junio, 2014

¿QUIÉN CONDUCE?

Recuerdan aquel anuncio de propaganda gubernamental sobreconducir-noche tráfico en el que el estado benefactor nos comunicaba con tristeza algo así como “no podemos conducir por tí”? Años después aún siento escalofríos ante esa declaración que es la quintaesencia del intervencionismo en la vida de la gente. Penséque lo único que no podían hacer por mí era vivir, es decir, pensar y actuar.

En el mundo de la economía sucede lo mismo, hay unas reglas de juego como en el tráfico, pero cada cual es libre de pensar y actuar, haciéndose responsable de las consecuencias de sus actos e iniciativas y cosechando sus frutos o fracasos.

A diferencia del mundo de la circulación, en el ámbito de la innovación empresarial y del mercado, que es pensamiento y acción, no hay carreteras ni señales de tráfico y los caminos para emprender y desarrollar iniciativas viables hacia el éxito, que es la aprobación y aceptación del consumidor, están por descubrirse. Siempre habrá alternativas y rutas nuevas por trazar que los emprendedores y empresarios detectarán y experimentarán, a su riesgo y ventura, utilizando su mente y capacidad de acción.

Por supuesto que esos nuevos caminos, una vez descubiertos y desarrollados, serán rápidamente imitados y transitados por otros y la competencia hará que esas autopistas sean cada vez más baratas y asequibles para todos.

El motor que impulsa a cada innovador para ir abriendo nuevas y mejores vías se basa en su conocimiento personal, subjetivo, tácito e intransferible y, gracias al mismo, descubre o se percata de la oportunidad que hay en el mercado para mejorar una solución ya existente por otra superior que ha ideado.  También requiere un cierto grado de inconformismo, de ir contracorriente, pensar distinto y no dar por bueno todo, ya que innovar es cuestionarse lo conocido y admitido por todos, para proponer  soluciones inexistentes hoy y desconocidas.

conduccion_eficienteEs justo lo contrario a la uniformidad y a la seguridad. Supone salirse de la ruta preestablecida, asumir los riesgos y recorrer un camino inexplorado hacia un destino que sólo el empresario intuye y se imagina. Solo él marca su rumbo y velocidad. Y, por cierto, nadie puede hacerlo por él.

Quién Conduce art. 142

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